Nada cambió. Ni en la cancha ni en las tribunas. Ni en la forma en que Universitario entiende el fútbol, ni en la manera en que su gente lo habita. El Monumental, repleto con más de 50 mil almas, volvió a ser ese coloso que vibra al unísono, que respira en familia con padres cargando en sus hombros a hijos y abuelos que rememoran el pasado cada vez que pueden, y que empuja a su equipo tricampeón con la misma fe con la que se empuja un sueño que ya no parece imposible: el primer tetracampeonato de su historia.

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Y en el césped, allí donde los títulos no garantizan nada, la ‘U’ volvió a comportarse como una máquina. Posesión del 58%, 11 remates (5 al arco) y dos goles casi consecutivos. Nada cambió, porque el tricampeón sigue siendo tricampeón: 2-0 ante ADT en el debut del Torneo Apertura de la Liga 1 2026.

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Jasson Curi Chang

El triunfo fue más una consecuencia que una sorpresa. Universitario insistió como lo hizo en los últimos tres años. Se adueñó del balón, empujó a los tarmeños hacia su propio campo y convirtió cada avance por la izquierda, por donde fluía José Carabalí y dibujaba Jairo Concha, en una promesa latente. Lo que no apareció en el primer tiempo, llegó apenas la ‘U’ ajustó los detalles que Rabanal anotaba con esa libreta que ya empieza a ser un personaje más.

El once crema se paró con la firma que lo acompaña desde hace tiempo: un 3-5-2 trabajado y reconocible. Diego Romero, en su regreso a la Liga 1, empezó la noche con nervios a flor de piel. Delante de él, los tres centrales (Aldo Corzo, Caín Fara y César Inga) formaban un muro que transmitía experiencia y una serenidad que el portero agradeció. Como carrileros, Andy Polo por derecha y Carabalí por izquierda se ofrecían como opciones para alargar la defensa tarmeña.

El técnico Javier Rabanal y su libreta. (Foto: Universitario)
El técnico Javier Rabanal y su libreta. (Foto: Universitario)

En el medio, Jesús Castillo quería ser el equilibrio del equipo, aunque pudo haberse ido expulsado tras una temeraria falta en los primeros minutos del primer tiempo que los árbitros del VAR consideraron acción de fútbol. A su lado, Martín Pérez Guedes llegaba y Jairo Concha tejía. Adelante, Edison Flores y Alex Valera, aunque el ‘Orejas’ dejó el campo en el primer tiempo por lesión.

El partido fue un monólogo crema en el primer tiempo. ADT resistió como pudo, retrocediendo metros y reduciendo espacios, pero sin lograr cortar la continuidad del juego merengue. Universitario no solo recuperaba rápido, recuperaba arriba, casi encima del área visitante, obedeciendo al plan de Rabanal, que no dejaba de escribir cada observación en su libreta.

Un descanso vital

Hasta que el descanso sirvió para algo más que hidratar. “En el entretiempo nos dijimos que debíamos estar tranquilos, que no había que ponerse ansiosos porque todavía quedaban 45 minutos y sabíamos que el partido iba a abrirse”, revelaría luego Valera. Y Rabanal completó la idea: “En el descanso hablamos de meter una marcha más en la circulación del balón”. La calma, cuando se administra bien, es una forma de aceleración.

El 1-0 llegó a los 55 minutos con la simpleza de un manual. Córner desde la izquierda, Valera atacando el primer palo como quien adelanta el final de la historia, un salto medido, un peinado suave pero venenoso, y el balón entrando contra el segundo poste. Un gol trabajado, no improvisado. “En la semana practicamos mucho la pelota parada”, explicaría luego el goleador, como quien revela una fórmula que no necesita misterio. Y dos minutos después, a los 57’, Martín Pérez Guedes repetiría el mecanismo: otro cabezazo, esta vez tras un centro desde la izquierda, otra vez premiando la insistencia.

Los últimos minutos fueron una celebración administrada. Universitario controló, se defendió con la pelota, dejó que ADT intentara tímidos avances y esperó el pitazo final con el aplomo de un equipo que entiende sus tiempos y sus propias fortalezas. No hubo más goles porque no fueron necesarios.

La ‘U’ arrancó el año como terminó los últimos tres: ganando, convenciendo y dejando la sensación de que un tetracampeonato ya no es un deseo exagerado, sino una posibilidad escrita en borrador. Nada cambió, es cierto. Y quizá ahí radique la verdadera fortaleza del tricampeón.

SOBRE EL AUTOR
Marco Quilca León

Periodista en Deporte Total de El Comercio desde 2018, el mismo año que Perú cumplió el sueño de volver a un Mundial. Siete años en el diario con coberturas de Eliminatorias, Copa América, Mundial, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, en vivo y streaming.

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