El orgullo de Japón volvió a quedar de manifiesto en la cita mundialista tras rescatar un agónico empate 2-2 frente a Países Bajos. Cuando el cronómetro marcaba los 88 minutos y todo apuntaba a que la ‘Naranja Mecánica’ se embolsaría los tres puntos, la pelota parada se convirtió en el milagro asiático. Koki Ogawa ejecutó un tiro de esquina preciso al corazón del área chica buscando la arremetida de sus atacantes. El llamado a la gloria fue Daichi Kamada, quien conectó un frentazo que contó con una dosis de fortuna: el balón impactó en la humanidad de Virgil van Dijk, descolocando por completo al arquero Bart Verbruggen y metiéndose al fondo de la red para desatar la locura nipona a falta de dos minutos para el final.

SOBRE EL AUTOR
Gianina González

Periodista egresada del Instituto San Ignacio de Loyola (ISIL). Experiencia en radio, televisión y prensa escrita; que ha permitido un desarrollo profesional en diversas áreas: coberturas in situ, transmisiones deportivas y redacciones periodísticas.

Partidos relacionados

Anuncio