Fuera del ring, David Rey David Picasso no se disfraza de experto ni vende humo. Habla de futbol como aficionado informado, con la misma franqueza con la que analiza sus peleas. Y su lectura del panorama, rumbo al año mundialista, es clara: entusiasmo medido y cero complacencia.
Sobre la Copa del Mundo, Picasso admite que no tiene planes inmediatos para asistir a los estadios. La razón no es falta de interés, sino una realidad que comparten miles de aficionados.
“No me he planteado ir a ningún partido, porque los boletos están carísimos. Me gusta mucho verlo”.
En cuanto a favoritos, su radar apunta a selecciones que combinan continuidad y talento probado.
“Creo que Francia vuelve a estar entre los primeros, Marruecos ha tenido muy buenos años y España también está ahí”.
Cuando la conversación gira hacia la Selección Mexicana, el tono cambia. No hay discurso patriótico automático ni optimismo forzado.
“Es complicado hablar del Tricolor ahorita, porque no veo que esté pasando por muy buenos momentos”.
Aun así, reconoce un patrón histórico que suele aparecer en los torneos grandes.
“En el Mundial normalmente sacan cosas buenas, sacan la garra. Esperemos que mínimo tengamos quinto partido”.
Si se trata de nombres propios, Picasso no duda en señalar a quién debería cargar con la responsabilidad ofensiva.
“Si ponen a Santi Giménez, espero que él meta gol, que sea el bueno”.
En el plano local, su corazón sigue siendo universitario. Como aficionado de Pumas, no exige títulos ni promesas grandilocuentes. Su expectativa es tan modesta como honesta.
“Ojalá ya levante. Con que califiquen, me doy por bien servido”.
La relación entre futbol y boxeo no es casual en su discurso. Picasso entiende el peso de la identidad, de los colores y de la afición, algo que vive tanto con los guantes como desde la tribuna. Incluso proyecta un sueño que une ambos mundos.
“Primero quiero ser campeón mundial y después pensar en pelear en el Estadio Olímpico, en el estadio de mis colores”.
Las opiniones futboleras de David Picasso no buscan titulares estridentes. Son las de alguien que observa, compara y asume la realidad sin maquillaje. Como en el boxeo, no promete lo que no ve, pero tampoco renuncia a creer cuando el escenario lo permite.
SLJ