-“Seis jugadores también se vendieron. Solo puedo nombrar a cuatro, porque hay otros que son famosos y les puedo dañar sus carreras”.
-“Ya escuché lo que dijo este antisocial. No sé si estará ingiriendo algo por la boca o por la nariz”.
-“Los jugadores de Cristal éramos los lindos y los de Alianza, los negros. Estoy seguro de que Cubillas manejaba a los de Alianza”.
LEE: Christian Cueva arremete contra Renato Tapia por hablar de la FPF: “Debió hacerlo de la manera más correcta”
A veces idealizamos en demasía a los planteles de fútbol. Nos comemos el cuento de que conforman una familia “unida por un solo objetivo”. Olvidamos que, en realidad, son un grupo humano como cualquiera, que a veces solo se soporta y, cuando puede, hace visible el filo de sus cuchillos.
Las frases del inicio de esta columna pertenecen a tres de los más grandes futbolistas que ha tenido nuestro país: José Velásquez, Juan José Muñante y Ramón Quiroga. En la cancha, con la camiseta de la selección, eran un solo puño, un espectáculo para la vista. Parecían haber nacido en una misma cuna, hechos el uno para el otro. Sin embargo, luego del pitazo final, aquello que los unía -el culto por el balón bien jugado- desaparecía y afloraban las diferencias que desde la tribuna no percibíamos.

Por eso no debería sorprendernos la guerrita entre Renato Tapia y Christian Cueva, luego de las declaraciones del primero sobre los problemas en la Federación Peruana de Fútbol. Haber sido compañeros en la selección no los convierte en amigos. Y, si alguna vez hubo amistad, tampoco quiere decir que compartan los mismos objetivos.
A Tapia se lo suele tildar de arrogante. En algún momento, sus ideas cercanas al progresismo lo hicieron víctima de sectores radicales en las redes sociales. Cuando se hizo público un lamentable episodio de su vida personal, los ataques se hicieron más intensos. Pero quienes lo conocen y lo han visto crecer como jugador, coinciden en su profesionalismo y su amplitud de pensamiento. Nadie mejor que él para hablar sobre lo que se vive en la Videna y su visión del fútbol peruano en general. Sus críticas son una demostración de valentía porque sabe muy bien que, después de esto, no volverá a ser considerado en una futura convocatoria.
Lo mismo no puede decirse de Cueva. Luego de su poco feliz paso por Ecuador, el huamachuquino se encuentra en el trance de concretar su enésima resurrección, esta vez en el Juan Pablo II College, el equipo del caballero que funge de mandamás de nuestro ‘fulbo’. Su rechazo a las afirmaciones de Tapia, antes que una declaración sincera, pareció una forma de congraciarse con su nuevo empleador. A los 34 años, y con un abdomen que parece vivir feliz en estado de flacidez, su tiempo en Primera División es cada vez más corto, así que no le queda otra que cuidar los frejoles.
La situación de nuestro balompié sería otra si hubiera más voces valientes como la de Tapia. Soy consciente de que es difícil que aparezcan porque la profesión del futbolista no es larga y a nadie le gusta ver frustrada su carrera por razones extradeportivas. Pero si queremos abandonar esta mediocridad atosigante, nada mejor que denunciar la podredumbre desde dentro. En otras palabras, dejar de mirar al costado y poner por encima los principios.