Carlos Alcaraz ya es leyenda con 22 años, ocho meses y 27 días, aunque él prefiere que el tiempo y los especialistas lo digan dentro de cinco a diez años. El número uno del mundo detuvo al más grande de todos los tiempos y se convirtió en el campeón más joven en conseguir un Grand Slam de carrera en la historia del tenis. Con el español, ningún récord se encuentra a salvo: ha sido el tenista más joven en convertirse en número uno del mundo, el más joven en ganar un Grand Slam en todas las superficies y ahora, en terreno de Djokovic, ha hecho más grande su nombre al conseguir otra marca y dar cuenta de ‘Nole’ en su primera derrota en una final de Australia.

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En una lucha entre dos generaciones -nunca una final de Melbourne había una brecha de edad tan amplia entre el uno y otro- ‘Carlitos’ tuvo una virtud que precisamente no recae para un deportista de su edad: paciencia. Tras caer en el primer set (2-6) ante un Novak, que salió con un plan establecido a sus 38 años, el ibérico no se amilanó ante la propuesta de su rival.

Para el segundo set, Alcaraz incrementó su intensidad de piernas, cambió la velocidad de juego y movió de izquierda a derecha a Djokovic, obligándolo a moverse mucho más en la pista dura. El parcial: 6-2. La expresión de ‘Nole’ reflejaba la gran ola que venía encima de él: una risa nerviosa y resignación eran su única respuesta ante el tenis opresivo que tenía al frente.

El serbio hacía lo que podía, levantaba los brazos y usaba el público a su favor para llenar de ansiedad a su rival, invitó a Rafael Nadal a la pista, pero Alcaraz ya está curtido y sabía de la ventaja que tenía sobre el serbio. Finalmente, en el mundo de hoy, una décima de segundo lo cambia todo. Y ‘Nole’, por más que su mente supiera en donde iba a golpear la pelota, no sabía a llegar a ella: esa era su frustración, en donde veía que el final estaba escrito para Alcaraz y que el retiro es cuestión de tiempo, así como su reinado. Con 6-3 y 7-5, acabó todo para él.

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“Sentí un poco la presión, cometí un error de derecha y ocurrieron otras cosas, también a nivel de salud, que -por desgracia- influyeron en ese cambio tan brusco de energía. Simplemente, ya no puedo, ya no soy el mismo. No soy yo mismo, no sé que podría decirles, Carlos (Alcaraz) es uno de los mejores jugadores a los que he enfrentando en mi carrera”, dijo un Djokovic, irritado por su estado físico, pero reconociendo el presente del nuevo monarca del tenis.

Hoy, Alcaraz reina en Australia, pero su mente ya está en Roland Garros. “Mi cabeza está ahí”, confiesa, con la emoción de poder ganar ahora cuatro Grand Slam en un año calendario. ¿Será posible? Todo puede pasar cuando se lo propone.

SOBRE EL AUTOR
Raúl Castillo

Licenciado en periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú y Máster en Dirección de Empresas de Comunicación en la EAE Business School. Subdirector en Depor y columnista en Deporte Total. Aficionado al fútbol y apasionado a la NBA.

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